domingo, 27 de abril de 2008

ERNESTINA ASCENCIO ROSARIO...La muerte de los oprimidos



Aquì en Veracruz no pasa nada. "Los medios de comunicaciòn magnifican la violencia" declara hoy Fidel Herrera Beltràn (Diario El mundo:1:2007) La pregunta que viene a cuento es ¿a què violencia se refiere el señor gobernador? ¿A la violencia que mata al cuerpo o a la violencia ancestral que mata al espìritu?
Zongolica es un municipio màs del estado de Veracruz...pero no es igual a ningùn otro. En las faldas de la sierra se establece uno de los ùltimos bastiones de la cultura prehispànica nonoalca. Su nombre se deriva de "Tzontli"que significa "cabellera" y "Coliuhqui, que significa "retorcida": "cabellera retorcida", debido a la topografìa accidentada del terreno...sierra al fin y al cabo.La marginalidad en la que se ha tenido a los indìgenas de esta parte del estado es lamentable y se quedarìa allì si no fuera el dia de hoy un asunto por demàs vergonzoso. El asesinato de Ernestina Ascencio Rosario. Incòmodo para el gobierno e indignante para su gente, pero ¿solamente para "su gente" o para toda la sociedad que represente un ser humano, una vida?. No, no fue un magnicidio. No asesinaron a Martha Sahagùn ni a Andrès Manuel Lòpez Obrador, pero me atrevo a afirmar (afirmaciòn temeraria sin duda) que su vida tenìa el mismo valor que la de cualquier persona (por naive que suene).En èsta època en la que cualquier hecho social se politiza y los polìticos (buenos como zoones politicones) son todo menos eso, LA JUSTICIA (asì con mayùsculas) brilla por su ausencia.El ombudsman declarò (decretò, màs bien) que no habìa sido asesinato, el presi dijo lo mismo ("gastritis mal-tratada") y ahora hay un conflicto enorme entre las autoridades federales, las estatales y las municipales...¿por què, si todo està tan claro?Los familiares de Ernestina, "indios de zongolica" no tienen voz ante las autoridades, pero el caso està en que las autoridades han perdido ya la voz ante la sociedad. Creo en los familiares de Ascencio, no creo en el gobierno.No hay peor lucha que la que no se hace. Mi trinchera es la palabra y desde aquì va mi colaboraciòn y empatìa con la familia de Ascencio. La verguenza y el descrèdito que la muerte de esta mujer ha dejado en el gobierno hace que no se considere este caso como una mancha màs para el tigre, sino como el polvorìn de lo que pudiera convertirse en una lucha social sin control, por gente que ya està cansada de tanta ignominia.JUSTICIA.JUSTICIA.JUSTICIA.

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